El puente de San José llegó por fin. Semanas y semanas de duro trabajo en las que se sobrevive con la ilusión de disfrutar de unos días libres para poder pistear
a gusto.
El viernes, preparativos. Comprobación de baterías cargadas de trastos
diversos, tablas para enfriar la nevera en el congelador, preparar ensalada de pasta, bebidas a la nevera para que enfríen, balda con cachivaches de rescate preparada, no vaya a ser. Los preparativos son
parte del viaje, y con ellos se comienza a disfrutar antes de salir.
Sábado a las 10:00 am. Suena el despertador ¡Arriba! Que el día espera, y aún hay un largo trecho por delante. Ducha, desayuno rápido, cargar el coche y zapatilla, que las horas pasan y los días aún
son cortos.
Una vez llegados a La Cañiza, dejamos la autovía rumbo sureste por una
carretera comarcal. Así vamos entrando en acción, y si vemos alguna pista interesante podemos tomarla.
Menuda idea que hemos tenido ¡Ensalada de curvas! Mi copi a punto está de echar la papilla, por lo que tenemos que parar de vez en cuando. El avance es lento, cada kilómetro cuesta mucho, pero lo bueno es
que en la lontanaza se adivina la sierra de la Peneda ¡Nuestro objetivo!
Aún tardamos un rato en llegar a Celanova. Lo bueno es que a partir de allí la carretera que va hacia el parque natural de Peneda-Geres es bastante buena, con lo que el copi se recupera sin decorarme la
tapicería con motivos gastronómicos. Si hubiese querido la tapicería con dibujitos, no la habría comprado lisa, no te digo.
El paisaje es cada vez más bonito, y la sierra se ve ya muy cercana.
Llegamos a un cruce en el que hay que tomar una decisión. O entramos en el parque por la carretera nacional que lleva a la sierra da Peneda o tomamos una más pequeña que lleva a la sierra do Xurés.
Decidimos la opción difícil, por que nos gustan más los picos por los que parece que se mete la carretera pequeña.
Cada vez el terreno es más escarpado. El paisaje es muy bonito, y ya estamos en el parque natural de Baixa Limia-Xurés, o sea, la parte española del parque natural. Gargantas y cañones configuran un
paisaje precioso. En lo alto de un repecho avistamos una ermita. Ya comienza a hacer hambre, por lo que decidimos probar a subir. Nos ponemos a buscar la pista de subida, y una vez encontrada comenzamos a
subir. Llegamos a un punto en el que se acaba el asfalto, y la continuación por tierra está flanqueada con dos postes que claramente configurarán una barrera una vez que le pongan el poste transversal.
¡Altoooo, sooooo! Esto es un parque natural, y no se puede circular por
pista de tierra, así que prudencia. Un cartel indica que se van a realizar
obras de mejora del firme de la pista que sube a la ermita, y vemos gravilla amontonada cerca, y un maquinillo para echarla.
Vamos, que la cosa es muy coherente. La pista está dispuesta para su cierre, ya que es de tierra y está en un parque natural. Pero claro, no va a subir la gente a pata hasta la ermita, por lo que se adopta
la solución más lógica: asfaltamos la pista y asunto arreglado.
Pues no me da la gana de seguirle el juego a estos espabilaos. Como pase por los dos postes aún son capaces de meterme una multa y aprovechar la pasta para asfaltar la pista y abrirla al paso de vehículos.
Vamos, que me la hincan y aún encima pitorreo.
La situación es kafkiana total, por que además he visto carteles en los
lindes del parque natural que indican que, como casi todos los parques
naturales, aquello es un coto de caza. Si lo sé traigo una escopeta, mato
unos cuantos pajaritos y algún animalillo, y ya puedo pasar con toda la
legalidad del mundo.
Hoy no tengo ganas de jaleo, así que media vuelta y a buscar otro sitio para comer. Al fin y al cabo ya sabía a dónde venía y no pensaba hacer pistas, ya estaba resignado al asfalto. Parece mentira cómo
con el tiempo somos capaces de considerar normales tales situaciones de injusticia y arbitrariedad. Otra vez en la carretera. Paso junto a un merendero, pero es pequeño y ya está ocupado. Pues sigo
adelante. La carretera sube y sube, y ahora casi todas las pistas de tierra tienen los postes, y además están cerradas con un poste transversal.
En una de ellas muy bonita hay un cartel que prohíbe el paso a todo aquel que no sea residente. Yo soy residente, pienso yo, pero de mi pueblo, no de aquel sitio, así que no puedo pasar. Voy a proponer al
alcalde que no permita pasar por nuestras calles a los residentes de aquel sitio ni a los residentes de ningún otro sitio, y solo podamos pasar los residentes de mi pueblo. Mola, los atascos solucionados.
Cuando llegamos al alto nos encontramos con el edificio de la aduana, que por cierto es muy bonito. Da pena verlo abandonado a su suerte, una vez perdida su función. Lo sobrepaso y al otro lado me encuentro
con varios coches aparcados en una pequeña explanada. Curioso, por que lo único que parece que hay para ver es una calzada romana y unos molinos.
Pero todo tiene su explicación. La continuación de la carretera transfronteriza atraviesa un bosque. Protegido, naturalmente. Un cartel
indica que la circulación por aquella carretera está restringida ¿Para
quién? Pues para los malvados turistas, azote de los ecosistemas. Se puede circular por la semana, pero los domingos y festivos no.
Pues hoy es sábado, así que voy a pasar, a pesar de que soy un evidente
riesgo para aquella zona, no hay más que verme ¿Qué pasará? ¿Se caerán las hojas de los árboles? No, hoy no, que es sábado. Si fuese mañana, otro gallo cantaría. El ruido de mi motor socavaría las
raíces de los árboles y se caerían todos. Pero solo el domingo, los sábados no.
Pero aún hay más cosas en el cartel. Déjame leer. No se puede hacer fuego. Vale. No se puede acampar. Me lo imaginaba, aunque quizá podrían habilitar alguna zona, digo yo. No se puede hacer pic-nic
¿Queeeeeee? ¡No se puede jalar! ¡No puedo manducar!¡No puedo dedicarme a hacer una tranquila Papancia!
No me extraña que nadie atraviese el bosque, y todos los coches se queden en la explanada ¡Alucinante! No nos podemos parar a comer ¡Incivilizados! ¡Animales!
Dios mío ¿Te revisarán el maletero? Llevo queso ahumado con jamón, así que seguro que se lo comunican a la Guardia Civil. Y empanada de jamón, que seguro que es como mínimo cosa de la Interpol.
Pues son las dos y media de la tarde, y me muero de hambre. En la explanada no queremos parar, no es un sitio agradable para comer. Podemos dar la vuelta, pero es que es mucha vuelta. También podemos
atravesar el bosque, rezar por que nos sea muy grande y buscar un sitio adecuado una vez hayamos salido.
En eso nos acordamos ¡La ensalada de pasta! Llevamos ensalada de pasta. Ahí si que la hicimos. Seguro que se lo comunican al FBI y entramos en la lista negra del presi de los Etatos Unitos de
NorteArmérica.
La cosa es grave. Podrían detenernos y enviarnos a Aguacatetánamo, en Cuba. Interrogatorios, torturas. Está claro que una Papancia no vale correr tal riesgo. Decidimos dar la vuelta, con la peligrosa carga
aún en nuestro maletero.
Bajamos de lo alto con rapidez, por que había que llegar al cruce que
habíamos dejado atrás y dirigirnos hacia la otra sierra. Muertos de hambre nos topamos con un coche de la Guardia civil que va a paso de tortuga. No nos atrevemos a adelantarlos ¡Menudo papelón si nos
paran!
G.C. "Hola, buenos días ¿Me enseña la documentación?"
Yo acojonao "Sí, agente, aquí la tiene. Las ruedas son de origen, no crea.
El ancho de vía es el de origen. No llevo gasoil agrícola, el alto del coche
es el que marca la tarjeta, el GPS que llevo es eso, solo un GPS y hasta me he cortado las uñas. Ni siquiera me he tirado un pedo fuera del vehículo dentro de los límites del parque, no vea lo respetuoso
que soy"
G.C. "Eso dicen todos, guarrete ¿Podría abrir su maletero?"
Yo totalmente acojonao "Oiga, le juro que la comida que hay ahí atrás no es mía, solamente la transporto para venderla, no es para consumo propio"
G.C. "Marianooooo, ven a ver menudo alijo que hemos decomisao. Llama al comandante, que hoy tenemos el día, hemos pillao a un traficante de viandas"
Se desvían ¡Que alivio! Menuda tensión. Caneando, que es tarde y tengo
hambre ¿será delito? Si comer es delito, a lo mejor creen que soy un yonki de la comida o algo así ¿Me harán pasar un proceso de desintoxicación? Pues no me vendrían mal unos kilitos de menos, no
creas.
Llegando a la frontera encontramos un área de descanso. No tiene mesas
¡Claro, sería incitar al consumo! Seguimos.
Justo antes del edificio de la frontera nos encontramos un merendero
¡Siiiii! Un sitio donde comer, antes de pasar la frontera y entrar en la
tierra de la abstinencia. Parece las áreas de fumadores de los aeropuertos, para quitarte el mono antes de subir al avión.
Desembarcamos a toda leche ¿Qué mesa? La más oculta, no vaya a ser que nos vea alguien. Debajo de este arbolito, que lo de los satélites avanza que es una barbaridad.
La verdad es que es sitio es bonito, con un embalse a los pies, que
naturalmente no afecta al ecosistema, al fin y al cabo solo es agua, y el
agua es natural. Al fondo un montañón de tres pares de narices, bonito como él solo. Tal vez lo podrían tapar con asfalto, para dejarlo más protegido contra la contaminación.
Comemos con el placer añadido que proporciona lo prohibido. Multitud de ilegales viandas, que yo remato con un lujurioso y absolutamente ilegal arroz con leche de oveja, así de chulo que soy.
Para acabar de darle ambiente al sitio creo que deberían ponerle un
farolillo rojo, acorde con su condición de zona dedicada al vicio más
abyecto. Remansos de placer en las márgenes de la carretera, frecuentados por gorditos clientes habituales que se regocijan en el vicio del colesterol y el delito del yantar.
Antros de perdición tolerados por la autoridad, como mal menor ante la
horrenda perspectiva de un grupo de padres con una horda de contaminantes niños sentados en un campo poniéndose las botas con bocatas de chorizo con queso untados con Tulipán ¡Que horrible visión!
Una vez terminada la comida depositamos la basura en un contenedor y
recogemos los bártulos. Todavía nos quedan algunas cosillas, y algunas latas de bebida, pero me imagino que en caso de que nos paren la cosa no pasará de falta leve. No creo que llegue la cosa a juicio, y
no constará como antecedentes.
Seguimos ruta por la sierra da Peneda, agreste y hermosa. Llegamos hasta el santuario de Nuestra Señora da Peneda, ubicado bajo un farallón de piedra inmenso. Una vez lo hubimos visitado comenzamos el
camino de regreso, con calma para poder disfrutar del paisaje y de la bajada desde la sierra.
Se hizo de noche cuando nos faltaba solamente media hora para llegar a casa.
Durante todo el camino de regreso íbamos pensando en lo bonito del paisaje, los pueblos ocultos y en la emoción que supone ser un ilegal en aquellos lares, comiendo como si no pasase nada.
Cuando aprueben el plan Natura 2000 y el 28% del territorio esté sometido a leyes similares vamos a disfrutar como locos, esquivando a la autoridad competente y saltándonos las leyes a la torera, tan solo
por el placer de ser rebeldes y comernos un Phosquitos donde nos venga en gana, como en el salvaje oeste. |

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